"Más de cien pupilas donde vernos vivos", Más de cien mentiras, por Joaquín Sabina.

24 ene. 2012

No este periodista


El santoral católico parece ser una buena excusa. La festividad del patrono de los escritores y el periodismo, San Fernando de Sales, establece el día de hoy como el día del periodismo. Y clico en un enlace y leo, algo molesto, una letanía de puntos en los que, supuestamente, quienes nos consideramos periodistas hoy en día, hallamos motivación para seguir adelante.

Los leo molesto porque son palabras bonitas, pero no hacen más que mostrar una realidad irritante que parecemos no querer replantearnos.

Los puntos de los que hablo:
  1. Porque la información es un derecho, y nosotros sus ejecutores.
  2. Porque mientras que para una parte del mundo hay muchos secretos que encubrir, para nosotros, hay mucha verdad que sacar a relucir.
  3. Porque la información nos hace libres y, por lo tanto, el buen periodismo es el camino hacia la libertad.
  4. Porque somos amantes de esas preguntas incómodas que al momento de realizarlas te provocan la sonrisita típica del “te acabo de pillar”.
  5. Porque ni aún con toda nuestra labia y facilidad para el verbo seríamos capaces de explicar esa sensación que sentimos en el cuerpo cuando pronunciamos la frase: “tengo una exclusiva".
  6. Porque parece que tenemos una tendencia natural, y muchas veces enfermiza, a querer enterarnos de todo antes que nadie.
  7. Porque siempre admiramos a esos periodistas de guerra que dieron y dan su vida por una noticia.
  8. Porque todos hemos soñado alguna vez con ver nuestro nombre inscrito en un Premio Pulitzer (por soñar…).
  9. Porque no hicimos caso a nuestros padres cuando nos auguraban un futuro mejor como médicos, abogados o ingenieros.
  10. Porque aunque muchas veces nos cueste acordarnos del porqué, seguimos amando esto a pesar de las jornadas maratonianas, de los sueldos poco generosos, de las sobredosis de cafeína y de los nervios propios del “hay que sacar esto y no llego”.
Desde la cuarta hasta la última, me tocan literalmente las pelotas. Y en las dos primeras, me pongo algo quisquilloso con los términos "ejecutores" (punto primero) y "verdad" (segundo): quizás no sólo nosotros seamos los practicantes de la información y de la comunicación, quizás lo debiera ser todo el mundo capaz de hacerlo con cierta responsabilidad. Y quizás no buscamos la verdad, quizás debemos dedicarnos a contar lo que observamos, encontramos y sabemos del modo más honrado posible. Pero bueno, mera elección de palabras.

Lo que digo, las últimas siete no son motivos por los que ser periodista, al menos como yo entiendo que debería ser un periodista.

Hoy en día, no nos estamos preguntando si tener una información antes que nadie es realmente el objetivo de un comunicador. Cuenta, por sistema, llegar el primero, es el gran mérito, sea de lo que sea. Quizás debiera contar más llegar bien y transmitirlo mejor.

No deberíamos sentir satisfacción por sonsacar algo a alguien, ni por "enterarnos" de todo. Quizás sería más conveniente y enriquecedor sufrir intentando entender aquello de lo que nos enteramos y alegrarnos sólo cuando tuviéramos el último dato de nuestro reportaje entendido. Quizás no nos debería enorgullecer nuestra pregunta, nuestro logro, nuestro protagonismo. A lo mejor lo que tendríamos que disfrutar es de escuchar las explicaciones de quien nos las da, y trabajar para obtener las que se nos niegan.

Y no sufrir tanto por el reconocimiento, ni mcuho menos por los premios. No vernos como héroes, micro, cámara, grabadora, bloc o bolígrafo en mano, no enorgullecernos tanto de tomar el camino difícil. No mirarnos tanto el ombligo y cumplir, cumplir más.

Yo no amo el periodismo irracionalmente. Menos todavía el que se practica hoy en día. Pero a mí nunca me falta un motivo, una explicación, una respuesta razonable y argumentada a la lógica pregunta. ¿Por qué tener este oficio?

Eligiendo entre ese infierno de elecciones que son las palabras, como comunicador que soy, siempre respondo con una razón. Irracional, sí, pero razón al fin y al cabo. También es que amo algo. Lo que yo amo es observar, experimentar, analizar, vivir y entonces y sobre todo, poder comunicar eso a otros. No me lo cuento a mí, no me vanaglorio. Ni cuenta para el mercado. No amo ese periodismo.

Por suerte, no adolezco de falta de buen periodismo. O del que considero bueno yo, vaya. No hay semana en que no lea historias, análisis e informaciones realmente buenos, honestos, reflexivos, trabajados y apasionados.

Estoy hasta los huevos del periodismo mercantil, el competidor, el instantáneo, en el que la cafeína pasa por ser un símbolo casi más abrazado que nuestra herramienta, el verbo. Y rozo el odio con el yoísta, el ególatra y el del falso héroe revelador. Y sobre todo, estoy harto del periodismo que no piensa antes, durante y después, justo el que secunda ese decálogo bobalicón.
Por ello aspiro a no volverlo a ejercer nunca más de ese modo -sí, lo he hecho-. No este egoísta y cacareado periodista.