"Más de cien pupilas donde vernos vivos", Más de cien mentiras, por Joaquín Sabina.

17 jun. 2011

Extraño

Uno echa de menos el pavimento adoquinado de Buenos Aires, de camino a Plaza Dorrego por Perú, Defensa o Bolívar. Uno googlemapea sin remedio ahora aquel árbol en el parque de Avenida Figueroa Alcorta, ahora aquel antro perdido Corrientes abajo, ahora lo que se le presenta en el recuerdo. Uno resguarda del olvido a aquella lavadora saltarina, el clavo del sofá azul y la raya de un cuarto de círculo en el parqué. Uno revive el momento en que descubrió que Katie se había dejado ropa interior y Marco, el ventilador encendido. Uno casi regresa a las mañanas de pijama y pelambrusca en los desayunos del Café Zabala, a las tardes de footing con alfajor y zumo al repostar. Uno no se despega de aquel mascarón de proa colgado en uno de los puestos del mercado de antiguallas de San Telmo. Uno sigue robando papel de váter de los baños de la Universidad de Belgrano.

Y uno se engancha al chamuyo crónico argentino con la avidez con la que el cañismo español coerce. Es mejor la broma infinita que la enquistada apariencia.

Uno vive aquí en estado funcional, saltando las aspas de la turmix del mercado y con la cabeza absorta. Pero nunca se olvida de cuántas eran las calles que recorrían a su musa coja y parlanchina.